Bajo presión: calidad de instructivo
Usualmente,
con excepciones casi nulas, la impuntualidad ha estado relacionada con la
cultura mexicana, he allí el término “a
la mexicana”, el cual no sólo abarca la impuntualidad, sino de algo realizado
torpe y sin prestar atención. Pues bien, éste es un problema que nos atañe a
todos, pero por el momento me centraré en México, en donde radica el supuesto
origen de una impuntualidad en extremo informal y hasta grosera. Sin embargo, “el
león no es como lo pintan” y “nadie experimenta en cabeza ajena”, por lo que me
demanda exponer los factores externos que fomentan dicho estereotipo que se
adjudica sobre nosotros. Esto es: el mexicano no es impuntual por haber nacido mexicano,
sino que existen elementos que se ciñen a la cintura de todo charro y
escaramuza en estado off, de clase
baja baja, baja alta, media baja, media alta y contadas veces alta baja y alta
alta.
Uno de los principales componentes que
acrecienta esta impuntualidad es el medio de transporte más frecuentado por
todo mexicano en apuros. ¿Nota usted como cada 10 o 5 minutos pasa un
gigantesco prisma rectangular de propaganda, metal y publicidad? Llámele tren ligero,
metro o trenzudo urbano. El problema
no es el cachivache, sino la vasta afluencia de personas que se ponen de
acuerdo para subir a él, justo en el mismo lugar e instante en que otras veinte
personas, igualmente apuradas, pretenden hacerlo. Y recordando que son cuatro
de los seis estratos sociales los que frecuentan el prisma en movimiento, en horas pico y en todo momento, podemos
encontrarnos con el 90% de las personas en más de algún viaje en tren
(Guanatos) o metro (Chilangos City).
APARTADO 1 “¿Cómo
subirse a la brava?”
No
pongamos el conocidísimo ejemplo de las sardinas en una lata, mejor pregúntese ¿ha
visto detenidamente una olla de tamales recién sacadita de la estufa cuándo
todavía ningún colmilludo ha metido mano, por lo que todos tamales se
encuentran ordenados y clasificados tan a la perfección que ya no alcanza ni un
tamal de alma? ¿Ha notado el calor que irradia tan perfecto acomodo? Pues nada
menos, que así es como luce un vagón de tren en horas pico en la ciudad de Guadalajara; como tamalitos acomodados
se adecúan las personas, apretujándose unas contra otras, adormilados por el
calor humano dentro del tren o bien por las desveladas de diversa procedencia.
Primero que nada, agrupe sus pertenencias en un solo bulto, y preferentemente cárguelos como si fueran un recién nacido,
en brazos a la altura del vientre y pecho—esto es para fundirse en uno solo con
sus cosas y asegurar con mayor efectividad su abordaje—; cuándo el tren llegué
al andén (estructura con dos gigantescas tarimas de cemento que sirven como
plataformas de abordaje, ¡identifíquelas! Hay más publicidad que asientos)
revise rápidamente dentro de él, sí la propaganda en ventanas se lo permite,
una puerta en dónde la aglomeración de personas, normalmente emparedadas contra
las puertas, sea menor, trate de posicionarse cerca de dicha puerta.
NOTA:
Si quiere ser linchado póngase justo frente a la puerta y no deje salir, no
haga caso del letrero de las puertas “antes de entrar, permita salir”, el
propósito no será darle vialidad a las personas sino caer gordo. Si quiere
evitarse disgustos y subir con más facilidad, sólo no se ponga frente a la
puerta, deje bajar y ocupará el espacio del pasajero que bajó.
En
caso de que nadie baje, suba en la orilla y poco a poco entre a la brava es decir pasito-empujón,
pasito-empujón, la gente no lo sentirá como presión agresiva, sino que tratará a
veces de moverse para que entre, después de todo está haciendo la “luchita”, como todos ellos, para no
perder ese tren.
APARTADO 2 “¿Cómo
lograr bajarse?”
Si
es todo un arte subirse en horas pico,
bajarse también lo es. Si está en la entrada y es rápido solo deberá luchar
contra los que quieren subir haciendo caso omiso de primero dejar bajar; por
otro lado, si se encuentra dentro del vagón deberá blandir su espada contra
varios grupos de personas:
·
Los
que quieren bajar primero que todos: ellos avientan
sin ton ni son. No les interesa si vas a bajar en la misma estación, usualmente
vienen jodiendo dos estaciones antes.
·
Los
que no bajarán en esa estación: que son arma de dos
filos, pues están los consientes que permiten
pasar intercambiando su lugar por el suyo; y los inconscientes que no se moverán.
·
Los
que quieren subir: empujan en contra y a veces no
lograrás bajar.
·
Los
novatos: estos apenas están aprendiendo las estaciones
y atoran la fluidez a la hora de salir. Normalmente siempre quieren permanecer
cerca de las puertas de entrada.
APARTADO 3 “¿Qué
hacer por si no logró bajarse?”
Mantenga
la calma y acérquese a la puerta, baje en la siguiente estación y pregunte por
el cambio de andén, a veces le tocará la suerte de no pagar, otras veces sí
tendrá que realizar el pago de entrada again.
O bien, si no quiere arriesgarse, puede esperar a llegar a alguno de los dos Periféricos y sin bajarse del tren, éste
retornará y lo dejará en la estación deseada solo que del lado contrario.
APARTADO
4 “¿Qué hacer por si lo bajaron contra su voluntad en la estación que no era?”
Respire
profundo y recuerde el estereotipo ofensivo que se tiene sobre la impuntualidad
del mexicano, analice todas las hazañas por las que pasó en su viaje en tren y
revise con cuánta frecuencia SÍ llegó sin contratiempos y en
cuantas NO. Visualícese haciendo esto todos los días, como lo hacemos
la gran mayoría de los mexicanos. Repita lo hecho en el primer apartado,
recalque la acción “a la mexicana” y memorice que no es otra cosa, sino una
asaz chingonearía.
Diana Carolina Rodríguez Amezcua
“Patlantikisa”
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